LO QUE LOS LIBROS NOS RECUERDAN DEL 21 DE MAYO 1879 EN LA RADA DE IQUIQUE. (TERCERA PARTE) - Adolfo Carrasco Lagos

                                                  Viña del Mar, 6 de Junio 2019 

                                                               Adolfo Carrasco  Lagos 

TESTIMONIOS Y REFERENCIAS DEL BLOQUEO DE IQUIQUE  Y DEL COMBATE NAVAL DEL 21 DE MAYO de 1879.

Antecedentes del autor.

Jaime Puig y Verdaguer nació en 1852 en la localidad de San Juan De Vilassar, Barcelona. Culto y talentoso, fue miembro de muchas sociedades científicas y literarias; también se presentó con éxito en concursos de pintura, exponiendo sus cuadros de costumbres españolas y paisajes.

Fue condecorado con las cruces de Isabel La Católica y de Carlos lll. Falleció en Panamá en 1915; sus restos reposan en Guayaquil, cementerio general.

A lo largo de 156 páginas de elegante redacción, Jaime Puig narra su visión de esos días en Iquique.

En cursiva, citas directas del libro.

Cómo nació este libro.

Un 21 de septiembre de 1910, encontrándose en Guayaquil, su autor iniciaba así el Prefacio de sus memorias: Sabedor que estas mis memorias han sido bien acogidas por el público  y que allá en la nación chilena han alcanzado alguna resonancia, no he querido que desaparezcan como el aroma fugaz de la flor de un día, como la efímera vida del periódico que la multitud no guarda, olvidando mañana lo que leerá hoy, y que yo no quiero que olvidéis vosotros, ya que estas memorias forman un hermoso capítulo de mi vida misma.

Para lograr su deseo, reunió los temas referentes al bloqueo y combate naval de Iquique que escribiera durante su estadía en dicho puerto, para publicarlos en un libro…  que, bueno o malo, no deja de atesorar el mérito histórico de ser la última palabra de aquella homeriada…

En su “A modo de prólogo” de la edición 1957, Arturo Olavarría Bravo (político, fundador partido radical democrático, ex ministro de agricultura <1938> y del interior <1940-41> del presidente Pedro Aguirre Cerda y autor del libro <Chile entre dos Alessandri>, entre otros), expresa que el hijo del autor, Alberto Puig Arosemena, en ese tiempo acreditado ante la República Argentina y ex embajador de Ecuador en Chile, decidió reeditar el libro en nuestro país, para poner en esa forma de manifiesto los afectuosos sentimientos de su padre hacia Chile. Indica por ello que… “al prologar el hermoso libro que leeréis a continuación, rindamos a su autor, don Jaime Puig y Verdaquer, el cálido homenaje de la gratitud chilena hacia el noble extranjero que, en forma tan brillante, supo vaciar su emocionada admiración por la hazaña de que vive orgulloso un pueblo jamás vencido.”

Su edición general estuvo a cargo de la Asociación Cultural “Vestigio”, con la participación del “Instituto de Conmemoración Histórica de Chile” y la “Fundación Arrieta.”

El bloqueo.

Recuerda que Chile y Perú… se armaban hasta la gola, a espaldas de la diplomacia farisaica…y que… la potencial de aquel estado tirante de relaciones era esencialmente económica. Era una cuestión de centavos y de salitre…

Agrega que el 5 de abril, estando en Iquique, fue para él un día memorable… serían las dos de la tarde…cuando la escuadra entraba al puerto, en hilera perfecta, con el Blanco Encalada a la cabeza, enarbolando la insignia. Todos aquellos barcos venían con los masteleros de gavia y de juanete calados, manteniendo tan solo los palos machos, formando con las vergas mayores una cruz de San Andrés muy cerrada.

Las naves presentaban sus cascos casi sin aparejos y despojadas de todo lo superfluo y mantenían izada al tope del mesana una gran bandera chilena: estaban listas para el combate.

Ese mismo día, a las 8 de la mañana, Chile había declarado la guerra al Perú y Bolivia.

 El capitán de puerto, que lo ignoraba, se dirigió en un bote hacia la nave insignia, para conocer los motivos de esa recalada, informándosele que la guerra había sido declarada y que luego bajaría a tierra un oficial con una importante misiva. El oficial designado fue Arturo Prat, quien notificó el bloqueo del puerto a la autoridad peruana correspondiente.

Iquique, Pozo Almonte, Cocina, San Juan y la pampa se despoblaban de chilenos que regresaban a su país para incorporarse al ejército.

El Huáscar recala a Iquique. 

Una noche del bloqueo, si mal no recuerda, la del 14 abril, encontrándose en el llamado “Hotel Caballero” jugando una partida de billar con unos amigos, apareció en el lugar un marino del <Huáscar>, quien les relató que el Monitor había ingresado al puerto con las luces apagadas, que sus compañeros estaban en un bote en el muelle, y que él acompañaba a su teniente, quien en esos momentos conferenciaba con el Jefe Militar de la Plaza y el Prefecto, a quienes había venido a saludar en nombre del contralmirante Grau; que tenían orden, en caso de sentir un cañonazo, de quedarse en tierra, y si no, dentro de media hora regresar sigilosamente a bordo.

Los billaristas, todos amigos, se dirigieron al muelle, donde percibieron el regreso al Huáscar del bote y unos 15 minutos después, sintieron repetidos cañonazos del <Huáscar> que iluminaron la bahía.

Desde entonces, la escuadra chilena abandonó todas las noches el puerto, para evitarse nuevas sorpresas, pero dejando siempre en la rada a la <Esmeralda>, la <Covadonga> y el Transporte <Lamar>, para mantener la efectividad del bloqueo.

El Combate.

Jaime Puig y sus amigos tuvieron la oportunidad de presenciar el combate desde una posición avanzada hacia el mar, que era también la más elevada: el mirador de la Aduana.

El autor, usando un estilo y lenguaje elegantes, y denotando poseer un amplio conocimiento de la terminología náutica, logra inmortalizar en este libro…  “el heroísmo, el desprecio por la vida, el amor ciego por la patria, el concepto rígido y acerado del cumplimiento del deber, de que hicieron gala Arturo Prat y sus compañeros de sacrificio,“ agregando que “en parte alguna deja de reconocer el patriotismo con que, a su vez, lucharon en la homérica contienda los marinos del Perú.” (Arturo Olavarría Bravo).

El entierro de Prat y de Serrano.

El 22 mayo, Jaime Puig llegó temprano al depósito mortuorio, donde ya se encontraban Eduardo Llanos, asturiano de tomo, y Benigno Posada; luego fueron llegando otros amigos. A las siete ya estaba todo arreglado y reunidos los citados, diez o doce. Había mucha neblina en los cerros y cerrazón densa en el mar.

Salieron en procesión del callejón de la Aduana, para entrar a calle de Tarapacá, por la cual pasaron muy contritos y silenciosos. Adelante marchaban llevados en hombros los ataúdes de Arturo Prat y de Ignacio Serrano y de dos o tres más, uno de ellos, creía Jaime Puig, era el del bravo sargento Aldea. Así llegaron hasta calle de Tacna, donde las urnas fueron colocadas en unas carretas dispuestas de antemano.

El duelo lo presidían don Eduardo Llanos y don Benigno Posada, este último gallego de mucha distinción; detrás seguían los demás, todos españoles…si graves y silenciosos, muy orgullosos de llevar a aquellos Epaminoides (1) que de manera tan señalada y heroica habían sacrificado sus vidas llenas de vigor y juventud, a la honra y memoria de su patria, agregando…Aquellos restos sagrados de unos varones que habían sido tan duros como los escitas, tan bravos como los partos, tan fieros como los persas y tan magníficos como los troyanos, se hallaban en tierra enemiga, y no tenían allí unas almas piadosas que cumplieran aquel acto humilde, que los españoles, sus parientes más cercanos.

Nuestro cortejo severo…que marchaba sin cruz alta, sin capas pluviales de brillante tisú… infundía en verdad mucho respeto a juzgar por el gesto y compostura de la cuadra del vecindario y demás gentes gregarias que se agolpaban en las aceras, para vernos pasar con aquellas preciosas cargas.

Y continúa: La mitad del camino habríamos andado, cuando de pronto, pasando delante de gente plebeya, observamos que en vez de descubrirse reverentes ante aquel desfile fúnebre, se sonrieron, sino con descaro, a lo menos con mal disimulada ironía que ante aquel acaecer y momento, degeneraba en irritante sarcasmo...

(1) Relativo a Epaminoides, general griego del siglo lV A. C., que murió en batalla en el Peloponeso.

Finalmente llegaron al cementerio… a aquella desolada mansión de la muerte. Bajados los ataúdes, fueron llevados en andas hasta las fosas recién abiertas para recibirlos…a mí me tocó el grupo que enterraba al valiente Serrano. Antes de descenderlo a su tumba, abrimos el ataúd para examinarle y verle por última vez; el mismo registro se verificó con los demás. El señor Eduardo Llanos se descubrió reverente y pronunció una conmovedora oración, discurriendo sobre aquel acto y aquel deber cumplido, con sencilla y sentida elocuencia…

Depositado ya en el fondo de la negra fosa arrojé, el primero, un puñado de tierra, pronunciando la frase sacramental, al manifestar el pío deseo que le fuera ligera codalo que iba a cubrirle.

Luego me acerqué al ataúd de Arturo Prat, que aún tenían abierto, y pude contemplar una vez más al ilustre muerto….

Todos contemplábamos poseídos de esa necrodulía(2)fervorosa que sucede a la admiración heroica.

(2)Culto o tributo a los muertos.

Nómina de los héroes de la Esmeralda.

Figura en el libro la nómina de los Héroes, con indicaciones de sus  nombres, grados y la situación en que quedaron luego del combate (muerto, herido o prisionero).

 La dotación de la Esmeralda, según el autor:

Total tripulantes: 206= 14 oficiales + 192 gente de mar/otros.(g/m)

Total fallecidos: 140=6 oficiales+134 (g/m)

Total prisioneros: 66=8 oficiales+58 (g/m)

Llegada del presidente Prado a Iquique.

El bloqueo había sido levantado o roto…por las mañanas, el Huáscar entraba lentamente a la bahía para recibir víveres y noticias, y luego se retiraba hacia el sur.

 Un día, de amanecida, apareció un vapor por el norte: a su bordo venía el presidente peruano, general Prado, quien desembarcó alrededor de las 10 de la mañana … en medio de un gentío inmenso ávido de noticias y anhelante de la consoladora palabra oficial…y el frenesí, el delirio y el disloque se produjo, con campanas, cornetas, cañones y gritos.

Yo me hallaba también en el muelle formando calle con la muchedumbre, que empujaba, estrujaba y sudaba, exhalando fetideces obscenas… y cuyos afanes me tenían en vilo y en asfixia.

Y desde ese lugar pudo Jaime Puig ver y oír claramente a S.E., que les decía, al parecer muy emocionado, ”Bien, bien, compatriotas, hay que sufrir todavía un poco, pero yo os prometo, que la victoria del Perú será completa.”

Puig no recuerda cuantos días estuvo el presidente en Iquique, reuniéndose con los jefes del ejército y sobre todo con el General Buendía.

Vuelvela Escuadra Chilena.

Transcurría el cuarto día desde la partida del general Prado, cuando como a las 11 de la mañana, se divisaron varias humaredas por el norte … eran el Lord Cochrane, el Blanco Encalada, el Abtao, la Magallanes y el Cousiño, que venían a restablecer el bloqueo.

En Iquique se estaban construyendo dos lanchas torpederas, para atacar a las naves de la Escuadra durante las oscuras noches  del bloqueo…

Se rumoreaba que algunos oficiales de la marina chilena transbordados en alta mar a un vapor inglés de la carrera, habían desembarcado en Iquique… fingidos de ingleses, y que así pudieron enterarse de aquella sigilosa construcción, y de otras cosas más a su placer

Y no se engañaban aquellos discretos y avisados marinos, pues yo mismo tuve la ocasión de verlas, merced al chisme de un compañero de hotel quien, indicándome un cercado solar con caña dijo una mañana yendo a almorzar: “Mira”, y miré, y al mirar vi, efectivamente, que debajo de un galpón construían dos botes torpederos, a juzgar por el forado de proa y por la cubierta comba y cónica de la misma proa.

Y por ello, todas las noches… desde la hora concúbita(3)…numerosas embarcaciones armadas de la Escuadra patrullaban las costas del puerto, con la tarea de…hacer fuego sin piedad a toda embarcación sospechosa que saliera de tierra furtivamente mar afuera si, a la voz de alto y quien vive, no parara la marcha, ni contestara satisfactoriamente

(3)Última hora de la noche, según el horario romano.

El jefe Militar de la Plaza, por su parte, dispuso que todas las noches se estableciera un cordón defensivo a lo largo de la costa, con el fin de impedir toda intentona de desembarco…y hacer vigoroso fuego a toda embarcación que al grito de ¡quien vive! no contestara, o que lo hiciera respondiendo ¡Chile! o que sin hacerlo, tratare de fugar…

El bombardeo.

Y sucedió que en la noche del 16 de Juliouna embarcación chilena se acercó demasiado a costa por el lado de la Aduana, contestando ¡Chile! al ¡quien vive! peruano, lo que desencadenó una serie de descargas de fusilería por ambas partes, culminando esta batahola con el bombardeo del puerto por parte de la Escuadra. Felizmente todo esto fue muy rápido, tanto, que quince minutos después de los primeros disparos, quedaba todo en silencio en el fondo negro de la mar…

Al día siguiente, se conocieron los daños provocados por el bombardeo en un sector del muro que separaba a la Aduana del mar: un proyectil de 250 lbs había producido un enorme forado, en cuyo centro se encontró decapitado el cuerpo de un soldado de nombre Juan Vásquez, que integraba el cordón defensivo del puerto … a través de aquella enorme abertura se veían las vigas del techo que sostenían el piso superior de una gran sala en la cual se hallaban los náufragos prisioneros de la Esmeralda… una vara más arriba y aquel enorme balazo hubiera herido a  la mayor parte de aquellos infelices, tan milagrosamente salvados de la catástrofe del 21 de Mayo.

Como a las nueve de la mañana, una poblada enfurecida pedía la vida de los chilenos prisioneros que acababan de salvar por segunda vez de la muerte …y era tal el extremo de aquellos furores que hubo necesidad de reforzar la guardia de la portada…

Esa mima tarde fue sepultado el Cabo Vásquez.

Luego de estas experiencias vividas en Iquique, Jaime Puig regresó a España.  

El Epílogo Crítico.

En este párrafo, el autor expresa su opinión y análisis  respecto los combates de Iquique y Punta Gruesa:

Su opinión.

-- La Independencia, al perseguir a la goleta Covadonga, ejecutó una operación que va contra todas las reglas de la táctica marítima y los preceptos más rudimentarios de las guerras navales…

-- Los peruanos habrían podido evitar el gran desastre que sufrieron con la pérdida de la Independencia. 

-- El plan, si es que lo hubo, fue tan… anti estratégico, que si Grau hubiera sido jefe de una escuadra europea, al regresar a  la capital para dar cuenta de su campaña, hubiera hallado dispuesto un solemne consejo de guerra que, con los planos a la vista, lo hubiera condenado, por haber perdido tan sin necesidad una de las más importantes unidades de la marina nacional.

Su análisis.

Previamente, recuerda las características de las 4 naves:

Fragata <Independencia>: buque acorazado, moderno en aquella época, armado con mucha y poderosa artillería.

Goleta <Covadonga>: pequeña, de madera, construida en 1860; 4 cañones de pequeño calibre; proyectiles absolutamente inofensivos para las naves peruanas.

Monitor <Huáscar>: buen blindaje con 2 torres giratorias, una a popa y otra a proa, con cañones Armstrong y proyectiles de 300 libras; era el orgullo del Perú.

Corbeta <Esmeralda>: de madera, ya vieja, con 8 cañones por banda y proyectiles de 70 libras, también inofensivos para las naves peruanas.

Analiza luego los combates bajo 2 aspectos: el negativo, que expresa el defecto y, el positivo, que indica el efecto; o sea,  lo que se hizo y lo que debió haberse hecho.

El aspecto negativo.

-- La lucha era materialmente imposible entre barcos tan poderosos, contra otros tan débiles barcos.

-- Los  buques más andadores…  y también los de menor calado, eran  el <Huáscar>  y la <Covadonga>.

-- Los buques de mayor eslora, manga y puntal, eran la fragata peruana y la corbeta chilena.

Luego se refiere al actuar de la <Independencia>  y del <Huáscar>.

 Respecto a la <Independencia>:

--…tan pronto como se inició el combate… emprendió la persecución de la <Covadonga>, que se fugaba hacia el sury no pudiendo la gran fragata acorazada seguir a la goleta por las aguas que ésta recorría, hubo de ejecutar la persecución desde mar afuera, paralelamente, trazando una línea de atajo que controlara el mayor andar de la <Covadonga>, la que debía ser alcanzada en Punta Gruesa, ya que navegaba recorriendo el ancho arco de la costa salvando bajos canales, difíciles para la <Independencia>, que hubo de hacer proa a la punta fatal donde debía de venir la conjunción de ambas naves, cosa que halló muy factible el comandante Moore, que no tenía demarcación ninguna en su cala hidrográfica que le advirtiera de la existencia de aquellos arrecifes ocultos, en cambio muy conocidos de Condell.

-- …la embestida de la <Independencia> fue en extremo irreflexible, por tenerla que realizar muy cerca de tierra y ninguna nave de  semejante calado navega a un cuarto de milla de la costa abordándola, a no ser que conozca muy bien el fondo; o, en caso contrario, marchando a poca velocidad y sondeando constantemente con el escandallo.

-- Y La <Independencia>atacó a toda máquina, sin conocer aquella costa ni tomar las precauciones necesarias…

-- Luego, pues, si no conocía aquellos bajos, lo lógico, lo elemental, era que se hubiese mantenido a respetable distancia, navegando paralelamente a la goleta, haciendo uso de su poderosa artillería, ya que el enemigo no podía ofenderla, y hubiera bastado un impacto con sus proyectiles para hundir o inutilizar a la <Covadonga>.

 Respecto al <Huáscar>:

-- …se mantuvo cerca de 4 largas horas sobre su máquina disparando incesantemente sobre la <Esmeralda>, sin atreverse a embestirla, por terror a unos torpedos imaginarios, y quizás hubiera continuado en aquella indecisa actitud si el señor Capitán de Puerto, que adivinó los temores de Grau, no se hubiera decidido a parlamentar con el <Huáscar>…después de lo cual fue cuando Grau decidióse a dar la primera embestida, pero habiendo perdido toda la mañana, con lo cual dio lugar y ocasión a que acaeciera el accidente fatal.

-- Grau, en su calidad de Contralmirante, quiso batirse con el buque que, como el que él mandaba, enarbolaba la insignia, esto es, estableció la ley de las categorías, aplicándola a las leyes de la guerra; cortesía fuera de todo caso y ocasión, en  aquellos instantes de vida o muerte, en aquellos momentos en que es cuando precisamente la necesidad del éxito relega todo género etiquetas y consideraciones a la necesidad de vencer.

El aspecto positivo.

-- Desde el primer instante y tan luego como las naves estuvieron a tiro de cañón, Grau debió haber hecho omisión de la insignia de la <Esmeralda>, sujetando su plan de ataque a la estrategia natural de la guerra, adaptándola a las condiciones de los elementos con que contaba para la finalidad propuesta.

-- En este caso, al <Huáscar> correspondía la persecución de la <Covadonga>, cuya caza habría sido corta y breve debido al poco calado y mucho andar de la nave, y así la goleta chilena hubiera sido apresada o echada a pique casi frente mismo de Iquique, allí por la parte de Cavancha, con lo cual hubiera podido regresar a la bahía para terminar con la <Esmeralda>, si antes no lo hubiera logrado la <Independencia> con su enorme y  numerosa artillería, ya que a la fragata y no al <Huáscar> correspondía el haberse quedado en el puerto cerrando el paso de la <Esmeralda> para batirla con infalible seguridad de un éxito decisivo.

 Ya hemos visto que no se hizo así, y el Perú sufrió el primer desastre, del cual se derivaron todos los que sufrió después.

Retratos e imágenes.

El libro termina con fotografías y breve síntesis de las vidas de Prat y Condell, Grau y Moore, y de las 4 naves participantes en estos episodios, y de otros héroes como Serrano, Aldea, Riquelme, fogonero 2º Nicasio M, cirujano Videla, médico titulado Francisco Cornelio Guzmán,  tambor Gaspar Cabrales de 13 años y Juan Bravo, niño de 14, de la <Covadonga>. Se agregan también antecedentes del Teniente 2º peruano Jorge E. Velarde, única baja del monitor <Huáscar> y una fotografía de 7 marineros del <Huáscar>, más otras de algunos observadores del combate, tales como Marcos de Aguirre, que acompañó al autor del libro en aquella ocasión; de Eduardo Llanos y Álvarez de las Asturias, ciudadano español y bombero que se ocupó de sepultar los restos de Prat en Iquique. También, fotografía de las tumbas de Prat y Serrano en Iquique y de varias del año 1888, cuando se trasladaron los restos de los héroes a Valparaíso a bordo del <Huáscar>.

Concluye así este resumen del interesante libro, escrito por un testigo presencial ubicado en tierra, muy cerca del área donde se desarrolló la Batalla de Iquique, que también pudo observar a cierta distancia, el desarrollo de la batalla de Punta Gruesa.

                                                                 Adolfo Carrasco Lagos

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