LA PAZ EN 1978 Y EL ROTO CHILENO - Enrique Maldonado Roi

La paz en 1978  y el Roto chileno.

Después del cuestionado reconocimiento a miembros de las FF.AA. por su participación en la movilización nacional de 1978 y la tardía entrega de medallas a Carabineros, aún falta un justo reconocimiento a múltiples personas e instituciones que desde distintos ámbitos del quehacer nacional, que con enorme patriotismo respondieron al llamado de la patria. 

Todo intento por recordar y reconocer a los partícipes de la multitudinaria movilización del año 1978, fecha en la que Chile y Argentina estuvieron al borde de la guerra, será insuficiente.

Según investigación histórica de Luis Benjamín Olivares Dysli,  publicada en 2017, bajo el título “LA PAZ en 1978, el pueblo de Chile y su Ejército”, se narra con lujo de detalles, cómo a partir del momento en que Argentina declara insalvablemente nulo el laudo arbitral y los múltiples gestos inamistosos de las autoridades militares argentinas, el Gobierno de Chile y el Alto Mando del Ejército tomaron conciencia que para Argentina la ocupación de las islas al sur del Beagle era una excusa para iniciar una invasión al territorio continental, a la cual se esperaba que se sumaran Perú y Bolivia por el norte. El centro de gravedad de la maniobra se concentraría en la zona central, con la intención de dar la batalla decisiva en las llanuras que rodean Santiago y ocupada la capital imponer los términos de una paz que diera plena satisfacción a sus pretensiones. Todo aquello está confirmado en las actas de la junta de Gobierno Argentino, desclasificadas en el año 2014. 

A principios de 1978, considerando la enorme diferencia de potencial militar de Argentina sobre Chile, los medios disponibles para proteger la frontera oriental desde Arica a Coyhaique  -I a XI regiones- eran escasos y desde todo punto de vista insuficientes. Esto debido a que la Armada y la Fuerza Aérea tenían concentrados sus medios en teatro austral, en tanto las fuerzas orgánicas del Ejército estaban distribuidas mayoritariamente al norte para contener una ofensiva del Perú y en la XII región previendo una ofensiva terrestre sobre Punta Arenas, Tierra del Fuego y Puerto Natales.

Consecuente con esta crítica situación, en los meses de febrero y marzo, aprovechando el periodo de relativa calma generada por el trabajo de las comisiones derivadas de las reuniones de Mendoza y Puerto Montt, y la dificultad para operar en la alta cordillera durante los meses de invierno, el Alto Mando del Ejército de Chile tomó la decisión de crear un segundo ejército –Ejercito de Operaciones- llamando a reconocer cuartel a las clases de 1946 a 1956, más un tercio de los efectivos de Carabineros, que no fueron movilizados al teatro austral. A esto se unió la patriótica y espontánea colaboración de miles de chilenos, especialmente residentes en localidades próximas a regimientos distribuidos a lo largo del territorio nacional, posibilitando crear una fuerza dispuesta a entregar la vida en defensa de la patria, fuerza que, en septiembre de 1978 estuvo lista para cubrir sus posiciones en la frontera cuando la guerra parecía inminente. Todos ellos junto al Ejército de Operaciones, que sumado al despliegue en los extremos norte y sur, fueron capaces de disuadir los planes bélicos de Argentina y de sus eventuales aliados.

Este llamado “Ejército de Operaciones” estuvo formado por medios del Ejército y Carabineros, no considerados entre los refuerzos al Teatro de Operaciones Austral Conjunto, reservistas movilizados, organizaciones sociales como  los Huasos Bueras, Clubes de Rodeo , baqueanos, campesinos, motoqueros, Cruz Roja, apoyados por los servicios públicos regionales como Ferrocarriles  del Estado, vialidad, bomberos, organizaciones comunitarias, clubes y empresas aéreas, establecimientos de educación superior, más una destacada participación de empresas mineras en trabajos de preparación del terreno y de la industria, en la fabricación de material de guerra.  

En pocas palabras, El PUEBLO EN ARMAS demostró con su entusiasmo y amor a Chile que mantiene indeleble el espíritu del ROTO CHILENO.

Consecuente con lo anterior estimo que el mejor y justo reconocimiento sin excluir a nadie pudo ser una especial mención al “Pueblo en Armas de 1978”, el 20 de enero en una emotiva de celebración del día del ROTO CHILENO

Teniendo presente que a diferencia de los héroes de Yungay, Tacna, El Morro, Chorrillos y Miraflores, el Ejército de Operaciones de 1978, sin disparar un tiro, gracias a su despliegue y voluntad de combate,  fue factor determinante para lograr “La Paz en 1978”.

Viva Chile

Enrique Maldonado Roi

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