EL BRUTAL E IMPUNE NEGACIONISMO DE LA IZQUIERDA Christian Slater Scanilla

En el Chile de hoy en un acelerado proceso se llama a retiro a decenas de Generales del Ejército y de Carabineros, oportunidad que se aprovecha para prometer cambios profundos en los procesos de ingreso, en el sistema de financiamiento, en nuevos planes de estudios, alargue de la carrera y un mayor control civil sobre las instituciones de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile. Algo, que desde el regreso a la plena democracia, nunca ha estado en duda pero, muy convenientemente, se hace aparecer a las instituciones como las que se niegan a los cambios. Cuando lo que realmente siempre ha faltado es un mayor conocimiento del mundo militar y la capacidad de civiles para hacer proposiciones con visión de Estado y sin sesgos políticos.

Detrás de estos soldados y carabineros van quedando familias que se han visto afectadas con los inútiles traslados, el trabajo de sus cónyuges y los estudios de sus hijos. Un triste, y muchas veces, injusto espectáculo que también afecta a quienes fueron sus amigos, camaradas, subalternos y a quienes pasarán a formar parte –o dejarán de serlo– de sus equipos de trabajo más cercanos o de confianza. Situación que también ha afectado con mayor fuerza y drama a los Suboficiales y Clases que se han visto envueltos en situaciones donde sus mandos fallaron. Inseguridad, decepción y un pésimo aliciente para quienes los siguen y se proyectan en la institución a la cual pertenecen. Algo que se pasa luego, pero finalmente queda.

Por otro lado, un tiempo atrás y con una indiferencia que asusta, nos enteramos de la suerte de los asesinos del Senador Jaime Guzmán. Causas que las lleva un mismo juez. Asesinos, que por 27 años se han paseado por el mundo protegidos por las redes del comunismo internacional, recibiendo un descarado y público apoyo para escapar de la justicia y, además, tener un buen pasar en los países donde han sido recibidos. Uno, actualmente con asilo político en Francia y el otro detenido en México. Ambos, con peticiones de extradición en las que nadie cree y que finalmente no tendrán ningún resultado. Me imagino que algo similar ocurrirá con el frentista Pablo Muñoz Hoffman, supuestamente recién detenido en Estados Unidos, quien además está inculpado por el asesinato del Coronel de Carabineros Luis Fontaine y el fallido atentado al General de Aviación y ex miembro de la Junta Militar, Gustavo Leigh Guzmán. Aunque no perdió la vida recibió cinco impactos de bala y uno de ellos le quito la visión de un ojo.

Mismas redes comunistas que hoy defienden y apoyan a Jorge Mateluna Rojas el ex frentista que en 1992 participó en un asalto a un supermercado donde es asesinado un guardia. Detenido por su crimen, encarcelado y becado por la Universidad Arcis, estudió psicología durante su condena. En el año 2004, durante el Gobierno de Lagos, pese a tener cadena perpetua, es indultado y, nuevamente becado por la Universidad Arcis, estudia Bellas Artes, dedicándose además a dar charlas y participar en foros como ex preso político. El 2008, durante el Gobierno de Bachelet es contratado a honorarios por el Consejo de la Cultura. Así, con todas esas facilidades y el apoyo necesario, el ex frentista que estuvo encarcelado por sus crímenes se hizo cargo del programa “Creando Chile en mi Barrio”, con un sueldo cercano al millón de pesos. El 2010, después del triunfo de Sebastián Piñera, renuncia a su trabajo en el Consejo de la Cultura y el 17 de junio del 2013 es detenido nuevamente, momentos después de asaltar una sucursal del Banco Santander en Pudahuel donde, junto a otros delincuentes, violentamente, se robaron 63 millones de pesos, siendo condenado esta vez a 16 años de cárcel.

Pero la historia de Mateluna no termina ahí. Tal como lo señala en su página C8 del diario “El Mercurio” del 29 de diciembre de 2018, el mismo año de su condena, un grupo de actores inicióuna campaña en apoyo a su libertad: “La campaña, llamada Mateluna Inocente, se gestóal alero del dramaturgo Guillermo Calderón. Y la apoyaron desde un principio figuras como Daniel Alcaíno. También se hicieron parte el poeta Raúl Zurita, el actor Héctor Noguera, la Diputada Carmen Hertz y otros. Ahora podrían llevarla a nivel internacional, dicen”. Más allá de lo que señala “El Mercurio”, existen una serie de videos producidos especialmente para descalificar a la justicia y los jueces, en cuanto a la sentencia de Mateluna. En ellos podemos ver a diferentes actores y comentaristas de medios de comunicación que, en una defensa corporativa y en el más absoluto y abierto negacionismo sobre su actuación y su condena en plena democracia, opinan a favor de la inocencia de este ex frentista.

Una estrategia comunicacional difícil de imitar e impensable para defender a ex militares procesados a través de “ficciones jurídicas”, sumado al desconocimiento de la prescripción de la acción penal, desconocimiento de la irretroactividad de la ley y el imperio de un sistema procesal inexistente. Sin embargo, han ocurrido cientos de hechos y gestos del mundo militar para reconocer la violación de los derechos humanos y los excesos producidos durante el Gobierno Militar. Algo que jamás, por lo que les corresponde, ha reconocido la izquierda, menos la asolapada democracia cristiana y ni pensar en esa mitológica derecha. Todos, responsables de la crisis que nos llevó al pronunciamiento militar del 11 de septiembre de 1973. Es ese brutal e impune negacionismo el que está pendiente.

Una oscura época que se inició en noviembre de 1967, cuando el Partido Socialista, marxista – leninista resuelve la toma del poder como un objetivo estratégico a alcanzar mediante la inevitable y legítima violencia revolucionaria, sellando los trágicos destinos para Chile y sus ciudadanos, hombres, mujeres y niños, con la frase: “Sólo destruyendo el aparato burocrático y militar del Estado burgués, puede consolidarse la revolución socialista”. Mientras no haya arrepentimiento y mientras se continúe con el negacionismo revolucionario de la izquierda, nada ha cambiado.

Delincuentes protegidos y cada vez más imitados por una sociedad que se ensaña con cualquier carabinero que se les cruce por su camino, atacándolos como perros rabiosos, buscando causarle el mayor daño físico posible y, derechamente, su muerte. Esto a vista y paciencia de otros tantos que alientan con gritos similares al de los simios del zoológico. Nadie interviene para impedir la masacre o la mutilación de un carabinero. Mentes enfermas que graban las sangrientas escenas y las difunden en sus celulares como trofeos de guerra. Algunos, en comentarios radiales y también en televisión, lo ven como una justificación y una adecuada y esperada reacción por el mal actuar de unos pocos. Pensar que nos reímos de esas películas de zombis que atacan a los seres humanos para despedazarlos y matarlos. Todo ello con la tibia y escasa reacción de las autoridades políticas y de los poderes del Estado. Pero peor aún, en esta realidad, en esta sociedad, atacamos a quienes nos defienden y nos cuidan.

Ante este salvaje comportamiento de una parte de la sociedad, pareciera imposible aplicar el negacionismo o el absurdo e infantil congelamiento sobre la existencia de un político que quiere revindicar los valores, el orden, el respeto, la justicia y otras tantas y sanas costumbres republicanas. Realmente dice lo que muchos quieren y lo que muchos –por cálculos políticos– no se atreven a decir. En ese sentido, la sociedad se parece a esas jóvenes que en su juventud se embobaron o enamoraron del más porro, del más fiestero, del más insolente o del más chamullento. Es cierto, lo pasaron muy bien y no les faltó el carrete, pero con el paso de los años, las que no escogieron correctamente aún lamentan su fracaso. Lo malo es que ese fracaso afecta ahora a toda su familia.

Ante una izquierda cada vez más agresiva que cada año se gasta lo que le deja el gobierno anterior y que como el camaleón se mimetiza entre comunistas, socialistas, progresistas, populistas y también liberales y de derecha, pareciera que ha llegado el momento de escoger adecuadamente. Las ideas de la izquierda son tan buenas que necesitan una respuesta sólida, clara y potente para destruirlas –no por buenas– por fracasadas en su ejecución. Las ideas buenas de la izquierda se pueden operacionalizar, con orden, trabajo y respeto.

Las buenas ideas del pueblo mapuche también se pueden llevar adelante con diálogo, reconocimiento y aislando a los exaltados y delincuentes que no respetan la ley ni a su propio pueblo y menos al resto de sus compatriotas. Una historia que últimamente ha estado llena de desaciertos, intrigas y misterios que aún no se aclaran completamente. Pareciera que aún algo falta en el rompe cabezas. Un peligroso descontrol, no precisamente de carabineros, y que supera las buenas intenciones del Ministro Moreno.

Quizás ya es tiempo de que esa mayoría ciudadanía silenciosa (para no decir esa tímida o cobarde ciudadanía silenciosa), pase a la acción como una verdadera sociedad republicana. De lo contrario mejor nos vestimos de rojo y nos unimos al progresismo. Lo anterior, siempre es una posibilidad y frente a esa alternativa, pareciera que las Fuerzas Armadas tienen más que ganar que perder. Más aún cuando sus Comandantes en Jefes, en el futuro, podrían ser nombrados o removidos por el Ejecutivo, cuantas veces sea conveniente y necesario, incluso para asegurar la continuidad de un gobierno totalitario que se quiera perpetuar en el poder o quiera diluir la responsabilidad política cuando los temas de seguridad, orden o defensa sean criticados por la ciudadanía.

Finalmente, aunque este año 2019 veremos menos banderas comunistas, me resulta imposible no pensar que igual tendremos complicaciones especiales. Somos parte del “Cinturón de Fuego del Pacífico”, motivo más que suficiente para ser fuertes y resilientes, aunque el fallo del caso Frei no deje contentos a todos, aunque haya cambios de ministros, aunque no prospere la Ley Mordaza, aunque se destruya el sistema de pensiones y jubilaciones de las Fuerzas Armadas, aunque la oposición en el Congreso no apoye ni apruebe ninguna reforma, aunque la situación de los exaltados mapuches se haga insostenible, aunque los chalecos amarillos se tomen Santiago, aunque los ciclistas sigan ocupando la vereda y aunque el 2 de julio no todos podamos ver el eclipse de Sol. A pesar de todo lo que pueda ocurrir, para bien de unos y mal de otros:

¡Feliz Año 2019!, especialmente para Carabineros de Chile, los necesitaremos más que nunca.

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